Hiperplasia prostática benigna: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

La hiperplasia prostática, comúnmente llamada próstata agrandada, consiste en un aumento del volumen de la glándula ubicada justo debajo de la vejiga. La próstata tiene la función de producir parte del líquido seminal. La hiperplasia benigna de próstata ocurre generalmente después de los 50 años y es muy común en el grupo de edad entre 60 y 80 años: se estima que está presente en la mitad de los adultos mayores de 50 años y en las tres cuartas partes de los mayores de 80 años. El 40% de los pacientes con hipertrofia prostática benigna requieren tratamiento.

¿Cuáles son las causas de este agrandamiento?

Desafortunadamente, las causas aún se desconocen. Dadas las circunstancias de la hiperplasia prostática con el avance de la edad, se está estudiando la hipótesis de que la variación en el equilibrio hormonal (andropausia) y en particular el nivel de testosterona, la hormona masculina por excelencia, puede jugar un papel fundamental en el sentido de que la nueva estructura hormonal, con la variación de la relación andrógeno / estrógeno podría favorecer el agrandamiento de la glándula prostática.

¿Qué síntomas caracterizan la hipertrofia prostática benigna?

La hipertrofia prostática benigna no tiene síntomas propios pero se manifiesta con síntomas relacionados con la dificultad para orinar: la glándula agrandada, de hecho, comprime la parte del canal que conecta la vejiga con el exterior) que la atraviesa, estrechando su calibre y obligando la vejiga a trabajar en exceso para expulsar la orina acumulada.

Este trastorno puede debilitarse con el tiempo y hacer que la vejiga funcione cada vez menos, por lo que puede infectarse fácilmente, producir cálculos y dificultar el vaciado completo de la misma hasta la retención aguda.

Los síntomas que pueden derivarse de la hiperplasia benigna de próstata son: necesidad urgente de orinar y micción frecuente tanto de día como de noche, goteo terminal (siguen saliendo unas gotas de orina después de terminar), sensación de no haber vaciado la vejiga por completo. En casos de una retención urinaria significativa, se puede crear un daño renal.

¿Cómo se diagnostica?

La exploración rectal, o el examen de la próstata realizado a través del ano, es el primer examen necesario para identificar la hipertrofia prostática. Este control se recomienda todos los años a partir de los 50 años, especialmente en pacientes que han tenido antepasados ​​en la familia con antecedentes de cáncer de próstata.

Por lo general, se combinan pruebas instrumentales como: ecografía transrectal para detectar el tamaño de la próstata  y, especialmente en las etapas iniciales de dificultades urinarias se hace una flujometría que mide la velocidad y fuerza del chorro urinario.

Estos controles se acompañan de un muestreo venoso para conocer el valor del PSA, el antígeno prostático específico, que, aunque no es un determinante de cáncer, puede ser necesario para realizar exploraciones más profundas.

¿Qué terapias con medicamentos se recomiendan?

No existen terapias médicas que resuelvan por completo la hipertrofia prostática, sino terapias que mejoran la forma en que se vacía la vejiga, mejorando así los trastornos urinarios mencionados anteriormente.

Comúnmente, los primeros efectos beneficiosos son evidentes después de algunas semanas de terapia y pueden pasar varios meses para obtener el máximo resultado.

Los fármacos en uso son:

  • Inhibidores hormonales: actúan inactivando las enzimas que permiten la transformación de la testosterona en dihidrotestosterona (Dht), que parece participar en el proceso de agrandamiento de la próstata. La administración de estos fármacos reduce, con el tiempo, el volumen de la glándula pero, no es seguro, que resuelva por completo los trastornos de la micción.
  • Alfabloqueantes: relajan el tono muscular del cuello de la vejiga y la próstata, mejorando el flujo urinario.
  • Detrusor vesical: Evita las molestias relacionadas sobre todo con la urgencia y frecuencia de la micción. Siempre es importante recordar que los medicamentos deben tomarse bajo estricta supervisión médica.

¿Cómo saber si necesaria cirugía?

Se requiere cirugía cuando hay falta de mejoría, después de la terapia médica o por complicaciones. Esta casi siempre se hace bajo anestesia local.

A través de la uretra se extrae únicamente la parte hipertrófica de la glándula, cavando una especie de túnel con el objetivo de ensanchar el canal y facilitar la micción. Es una operación mínimamente invasiva que implica unos días de hospitalización. En casos particulares se puede indicar una cirugía abierta.

Sugerencias para su prevención

No se encontraron correlaciones directas entre alimentación, dieta y nutrición, se recomienda el ejercicio moderado y el consumo de frutas y verduras diariamente; limite los alimentos grasos, las carnes rojas y las bebidas alcohólicas.

Por otro lado, es necesario evitar beber demasiada agua u otros líquidos por la noche para reducir la necesidad de orinar. Intente siempre vaciar la vejiga por completo e intente determinar si el vaciado de su vejiga es más satisfactorio cuando está sentado o de pie.

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